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Jueves, 22 de diciembre de 2005

Las cucarachas

Las cucarachas me pueden. Son más fuertes que yo. Ni pensar en aplastarlas; de sólo imaginar el ruido quitinoso al crujir y el juguito cucaráchico sobre una baldosa, me voy en arcadas de asco (incluso al escribir ésto me afecta).

¿Cómo las mato, entonces? Con ese cebo que ahora viene en jeringuita. Comen de ahí y civilizadamente van a morir, boca arriba, en algún lado. Cada tanto encuentro una. Hoy, luego de varios meses, apareció una cucaracha en el patio. Boca arriba, como ya dije que es usual. Moviendo alguna antenita y una que otra patita, en lo que es un último estertor, o bien un reflejo post-mortem. Agarré el escobillón, una pala de basura de mango alto, apoyé el escobillón en el piso y, mirando para otro lado, calculé y arrastré la cucaracha hacia la pala. Ese es mi método. Luego veo si está todo bien, si mi cálculo fue el correcto, o si la cucaracha de golpe se acordó de que no estaba tan muerta y empieza a moverse (las veces que me pasó me sentí Ripley siendo perseguida por el Alien dientudo y poco amigable). Hoy no se movió demasiado. Tiré la cucaracha al inodoro, apreté el botón y le dije chau mientras el agua hacía su bendito remolino. Se fue.

Listo.

No, no tan Listo.

El episodio me deja pensando. Pienso en cucarachas. Ya ni tengo ganas de desayunar. Recuerdo episodios espantosos en los que la cucaracha de turno me hace frente con tal valentía que estoy segura de que si me toca me mata. ¿Nunca les pasó tener una cucaracha que les presenta pelea? Yo recuerdo que antes, cuando uno les echaba Raid, Baygón o lo que fuera, las cucarachas tenían la decencia de escaparse un poquito, sacudirse y morirse no muy lejos del escenario de la masacre. Hoy por hoy no. O cambiaron los venenos o cambiaron las cucarachas. O ambas cosas. Hoy les echás insecticida y las cucarachas pegan unos saltos terribles ¡hacia el insecticida, hacia tu mano, hacia tu cuerpo! ¡AAAAAAAAAARRRGGGHHH! Luego de unos saltos y cabriolas que reíte del Cascanueces bailado por Bocca, de unos alaridos que podrían llevarme sin escalas al Moyano y de traspirar como un finlandés obeso en el Sahara, la cucaracha se da por vencida y va a morirse a otro lado. Intenta, la muy guacha, llegar hasta un lugar jodido, bien jodido de inaccesible, nomás, como diciéndote "sí, me voy a morir, pero te costó y te va a costar, perra".

Enviamos sondas que ya han incluso traspasado los límites del Sistema solar tradicional, estamos pensando en bases permanentes en la Luna, en estaciones orbitales permanentemente ocupadas, en viajes tripulados a Marte (¡en terraformarlo, incluso!), en nanobots eliminando tumores célula por célula... ¡Y no podemos erradicar las putas cucarachas! Así no va, gente. Así no. Estamos yendo para atrás. De verdad, así no, ¿eh?

Por: Carla Conailly
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