Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Naditud

Naditud:

Emprender una busca condenada al fracaso. La esencia de aquello que no llega a ser siquiera vacío.

Búsqueda

Categorías

Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM

Créditos

Diseñado por Studio.st
Modificado por Carla C.
Online gracias a Bitacoras.com

Jueves, 17 de noviembre de 2005

La revolución en la peatonal

Caminar por el centro es un acto de aprendizaje. Es una excursión antropológica. Es una tentación irresistible. Y, parafraseando a uno que escribía bien, si hay algo a lo que no puedo resistir, es a una tentación.

Por la peatonal Florida hay magos que desarrollan sus trucos sobre una mesita. Hay tipos que se quedan quietitos y están pintados de blanco. Hay otros que hacen como si se los llevara el viento, pero ahí están, pétreos, con sus ropas duras y la gente que pasa por al lado llevada por, quizá, otros vientos de índole menor, casi flatulencias. Sobre Florida hay un tipo que come vidrio y habla a los gritos. Hay muchos turistas extranjeros con mapas de Buenos Aires y gorritos como el de Cerati allá por 1999 o 2000.

Sobre Florida también están haciendo la revolución.



Empezaron siendo más que pocos, pero menos que muchos. Cantan. Tienen un repertorio que va desde la Nueva Trova Cubana hasta Joaquín Sabina o Serrat. No escuché si hacen algo de Víctor Heredia, pero se sobreentiende que no desentonaría. Muy seguido cantan aquella de "aquí se queda la clara / la entrañable transparencia / de tu querida presencia / Comandante Che Guevara".

No me molesta que canten lo que cantan. No está en discusión tema ideológico alguno. Lo que me causa gracia es que tanto ellos, los cantantes, como gran parte del público que se para a escuchar, ponen cara de "estamos haciendo la revolución", de "endurecerse, sí, pero sin perder la ternura jamás", de "hasta la victoria siempre", de "No pasarán", de ingenuidad de canto de fogón, che, qué culpa tiene el tomate, a desalambrar, a desalambrar, para el pueblo lo que es del pueblo, quilapayún zupay los dinosaurios.

Es como sentarse en un bar, en La Paz, antes de que lo reformaran, y arreglar el mundo con un librito de instrucciones sobre la mesa entre cortado y cortado, con un amigo o amiga diciendo todo lo que haríamos si nos dejaran y todo lo que habría que hacer cuando el momento llegase.

Las intenciones cantadas en voz bien alta sobre la calle Florida. Y canciones que no son tan revolucionarias pero son canciones de amor de tipos de reconocida trayectoria de compromiso social. Miren, nos gusta la revolución, pero somos gente amable. No temáis, no temáis burgueses paseantes que hacen compras por Florida, a nosotros nos gusta el amor. Fuera Bush de acá. Fuera Bush de allá. Las matanzas de Tutsis a manos de Hutus (800.000 ruandeses asesinados en 100 días) no nos importa. Eso es en África y el único malo del mundo es Bush. A lo sumo allá también es el malo por no haberlo impedido. Nosotros acá cantamos bien fuerte y hacemos la revolución poniendo cara de hacer la revolución. En la guitarra no punteamos demasiado. Eso es de rock capitalista. Nosotros rasgueamos lindo, bien folk, y a veces con fuerza cuando precisamos subrayar una frase. Tenemos percusión también, que queda muy progresista. Cantamos cerrando los ojos o mirando a la gente con cara de comprometidos con la causa (sea ésta cual fuere). Y ahora tenemos cada tanto a una chica que nos hace coros. Su imagen concuerda con lo que somos. Ella también es una compañera. Es mujer, así que hace coros, pero nosotros no discriminamos porque estamos a favor de la igualdad de todos los tomates que están tranquilos en la mata (¿qué culpa tienen?). La chica que hace coros tiene sexo sin culpas.

Despreciamos a los que pasan con maletines negros. Nos van a abrir un Falabella casi enfrente, pero nosotros seguiremos resistiendo desde nuestras trincheras porque hoy dice el periódico que ha muerto una mujer que conocí, que ha perdido en su campo el Atleti y que ha amanecido nevando en París.

Nos instalamos todas las tardes. Llevamos nuestro generadorcito para los amplificadores, micrófonoes e instrumentos. Amontonamos gente que nos escucha mientras hace que sí con la cabeza, como diciendo "yo pienso como ustedes, hay que hacer la revolución, si no fuera porque me pesa el culo yo estaría ahí, en el frente...". La gente amontonada hace que quienes pasan indiferentes a nuestra prédica deban usar un pasillito angosto, un carrilito de Florida. Algunos, es cierto, pasan caminando de largo entre el público y nosotros. habráse visto, semejante falta de respeto. No les gusta la música. No les gusta la poesía. ¿Odian el perfume? ¿Odian el color?

Tenemos vestuarista. Nos impone, sabiamente, ropa acorde a quiénes somos, qué hacemos y qué queremos creer que pensamos. Los jeans son buenos, pero mucho mejor aún quedan algunos pantalones que bien podrían ser pijamas. Negros con rayitas verticales de colores, bien separadas. O a cuadritos. Ropa que nunca nos pondríamos salvo para recaudar sobre Florida unas monedas de gente que no se anima a ponerse estos pantalones, pero cree que si su situación fuese distinta bien que lo harían. Se rebelarían contra el sistema usando pantalón pijama y cantando a los gritos que la revolución es buena. Usamos también remeras un poco gastadas. Algunas dicen algo sobre Jamaica (damos a entender que nos gusta el porro, pero no hacemos demasiada apología por si las moscas). Otras remeras tienen la infaltable efigie de Ernesto Guevara (pobre, si supiera pa' qué lo usan...). Otra remera bien puede tener algún motivo aborigen.

Sin ser fanáticos de Lito Nebbia creemos que "si la historia la escriben los que ganan eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia. Quien quiera oir que oiga", y no nos ponemos colorados. Creemos que los perdedores SIEMPRE tienen razón. Creemos que como la historia la escriben los que ganan y hoy Bush es líder de la primer potencia mundial, toda la historia, todo lo que nos contaron, es mentira y ha sido manipulado. Creemos que Bin Laden y Saddam Hussein son buenos. Nos alegra el poderío militar norcoreano y aplaudimos a rabiar a todo aquel que se oponga a Bush. Nosotros creemos que siempre hay un malo y que cualquiera que esté en su contra es bueno. Hay gente que cree eso mismo también y pasa y nos deja monedas o algún billete, y nos miramos profundamente, entendiéndonos.

Tenemos un cartelito que dice "Imaginan el mundo sin música". Así, tal cual. No dice "imaginen" No tiene signos de interrogación, así que no es una pregunta. Si quieren adivinar, tienen dos opciones principales: a) Es una descripción de situación: Les decimos "(ustedes/ellos) imaginan el mundo sin música". b) Es el nombre de nuestra banda. "Ahoraaaa con usteeedeeeeesssss... ¡¡¡Los Imaginan El Mundo Sin Músicaaaaaa!!!"

Pobre Víctor Jara, che, musicalizando el Burger King de Florida y Corrientes, el Falabella nuevo que ya abre y el Frávega de Sarmiento y Florida. Qué destino cruel.

A veces me pregunto si a pesar de lo mucho que la pifió Fukuyama no le habrá acertado al menos en este pequeño lugar. Sobre Florida se ha instalado el Fin de la Historia. Y se amalgamó todo en una Melange que reíte de un revuelto gramajo.

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

Por: Carla Conailly
General | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009